Balada para un loco
Ellos no me entienden a mí y yo no los comprendo a ellos. Estoy de acuerdo con los que dicen que estoy loco, ¡loquito estoy! Reflexionar, defender una escala de valores y perseguir la justicia, no son cosas para cuerdos, y probablemente, tampoco para listos. Me da igual.
Hace unos años, los locos decíamos que 950 millones de hambrientos y 4.750 millones de pobres en el mundo eran evidencias, además de preocupantes, que demostraban la inoperancia de un sistema. Ahora que las cifras han aumentado y se han desplazado hacia la parte no tan pobre del mapa; los cuerdos dicen que ha llegado una crisis. Y este tarado se pregunta, ¿y lo de antes no era una crisis?
Propusimos frenar y acabar con el relativismo moral, el todo vale, y se nos tachó de antiguos y de aguafiestas. Hoy, los equilibrados lamentan la falta de ambición y metas en los más jóvenes, no conocen las causas, no tienen claras las soluciones y prefieren culpar al mundo, al tiempo y a todo.
Advertimos la creciente radicalización de una sociedad hueca, que pese a disfrutar de libertad y democracia, no entiende la necesidad de principios como el respeto y la solidaridad. Entonces exagerábamos porque nos interesaba justificar lo peculiares que somos los locos. Eso sí, mientras tanto, los cuerdos estaban viendo televisión y chateando con el vecino.
Avisamos de la degeneración de una clase política acomodada, poco preparada y mejor lo dejo aquí, no quiero parecer más sensato de lo necesario.
Transcurrido un tiempo, me queda el consuelo de la autenticidad. A diferencia de ellos, no me siento cordero de un rebaño, engranaje mate de una cadena. A diferencia de ellos, nosotros somos los zumbados de la lista.
“No pienses más; sentate a un lao,
que ha nadie importa si naciste honrao...
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura,
o está fuera de la ley...”
que ha nadie importa si naciste honrao...
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura,
o está fuera de la ley...”
José Manuel Llavero
